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Arma de intimidación masiva

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21.10.2026

La última semana de septiembre Rusia envió a la OTAN una advertencia por escrito: si la alianza intentaba aislar Kaliningrado, Moscú estaba dispuesta a responder con todo su arsenal, incluidas las armas nucleares. La nota mencionaba incluso ataques contra los centros de decisión de los países de la OTAN. El 1 de octubre, en el Foro Valdái, Vladímir Putin reiteró que, ante un ataque a territorio ruso, se consideraría el uso de todas las armas disponibles; al mismo tiempo, aseguró que Rusia no tiene la intención de atacar a ningún país europeo. Hay que asumir que una cosa no excluye la otra. Para amenazar no hace falta presentarse como agresor; resulta más conveniente anunciar que se responderá a una agresión que aún no ha ocurrido.

Kaliningrado, el territorio ruso encajado entre Polonia y Lituania y abierto al mar Báltico, es el escenario elegido. Alberga instalaciones militares estratégicas y misiles capaces de transportar ojivas nucleares. Moscú acusa a la OTAN de preparar un bloqueo marítimo y aéreo, aunque la alianza niega que exista un plan semejante. Lo que sí existe es una actividad militar creciente en el Báltico que incluye la vigilancia de buques, la protección de infraestructura submarina y ejercicios destinados a reforzar la defensa aliada. Algunas de esas medidas afectan a la llamada flota sombra rusa, utilizada para evadir sanciones petroleras. Para justificar su amenaza, al Kremlin le basta con presentarlas como el inicio de un ataque.

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