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Juan Pérez de Mungía: «Bienaventuranza de la Sumisión»

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20.04.2026

Los efectos de los errores tardan en aparecer. A veces, incluso milenios, y se sustraen al juicio humano hasta el punto de resultar desconocidos para quienes padecen sus consecuencias. Basta con prestar atención a la política sanchista, que se oculta tras cualquier fuego de artificio.

Sánchez, habiéndose apoderado del Estado, aprovecha cualquier resorte para invertir la carga de la prueba. En ese fuego de artificio abona el viaje de toda clase de aprendices totalitarios que tratan de silenciar, cuando no extinguir, la disidencia de propios y extraños.

Resulta tan costoso descubrir a toda esta suerte de criminales que, a la hora de atribuir responsabilidad causal a quienes están en el origen del mal, muchos ciudadanos se niegan a reconocer al culpable que realmente hace todo lo posible por empobrecerles y someterles. Sánchez, ocultándose tras las etiquetas que, a modo de mantras, arroja a otros para hacerles responsables de lo que él mismo ha provocado por acción u omisión.

Los actos criminales de Sánchez están ahí: servirse de la economía del delito, con puteros, chaperos y prostitutas como instrumento para sus fines —¿cuántos secretos de sí mismo y de otros conoce, y qué conoce Marruecos?—, el tráfico de influencias de su inefable esposa, de su hermano y de sí mismo, la delincuencia organizada que le mancha y mancha a cualquiera de sus esbirros turiferarios, encabezados por el verborreico Bolaños, la burla de la justicia, la gestión del covid, el cierre del Congreso, la tragedia “accidental” de Adamuz, el apagón eléctrico, acompañadas de esas manifestaciones que magnifican las faltas ajenas —veraces o falaces, sin pararse ni en Julio Iglesias— para ocultar sus graves delitos. ¡Cuánto echo de menos tus consejos políticos, querido Ábalos! Sanchez dixit. Se burlan de las víctimas e incluso les atribuyen responsabilidad. Somos sus víctimas y todavía no nos hemos cobrado las deudas. No paran en nada.

Se dice de la justicia que camina lenta, paso a paso, segura, pero sus actores actúan dividiendo las causas, ateniéndose a la letra de la ley con tecnicismos incomprensibles que tienen como efecto la impunidad de quienes han venido a recompensarles y protegerles, los jefes del ejecutivo. Y entretanto queda atada por funcionarios corruptos de la fiscalía. A los honestos se les posterga; a los deshonestos se les premia y promociona. La misma regla vigente para el generalato. El mismo sistema de orden de picoteo que rige la jerarquía de las dictaduras comunistas, como fuera acuñada por Alfonso Guerra, cuyo único heredero, Tezanos, disfruta de la manipulación sistemática de la verdad. El oráculo guerrista, como lo fue Emilio Romero de Girón y Solís.

Solo cuando los errores son demasiado grandes aparece en el horizonte la amenaza que mueve la tierra bajo los pies. Los terremotos —o los sismos, como les gusta decir a cursis y cínicos presuntuosos que simulan conocimiento— se producen por esa acumulación de fuerzas que de pronto convierten un sistema en apariencia estable en inestable. Los sistemas complejos se comportan como sistemas caóticos. Pero los sistemas caóticos no son aleatorios: obedecen a las mismas leyes físicas, solo que, por su complejidad, su curso, los hace impredecibles en el medio y largo plazo. Pequeñas variaciones se acumulan hasta que las tensiones suscitadas entre las fuerzas producen resultados dramáticos y drásticos que reorganizan su equilibrio interno, produciendo la ruptura que amenaza a los ignorantes........

© Periodista Digital