Sobre la hipocresía
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Un ciudadano va al cajero automático de su banco y, tras marcar retirar 30 euros, contempla cómo por la rendija salen 300 euros. Preocupado, pulsa la tecla correspondiente y comprueba que en su saldo tan solo le han cargado 30 euros. Tras mirar a derecha e izquierda, mete la totalidad del dinero en su bolsillo y desaparece, a trote ligero, calle abajo.
¿Qué hubiese hecho usted? ¿Callarse y quedarse con el dinero? ¿Devolver el dinero al banco e indicarles que reparen el cajero? ¿Callarse y volver al día siguiente a probar suerte y repetir la jugada?
En España el tema de la corrupción es uno de los que más preocupa según las encuestas, metiendo bajo ese epígrafe, en un mismo cajón de sastre, toda una sarta de marranerías deshonestas, de las cuales la mayoría poco tienen que ver con la manida corrupción y sí mucho con la falta de honradez. Pero qué más da: el país tiene la cultura que tiene y no se le pueden pedir peras al olmo, amén de que cada pueblo, por justicia poética, tiene el gobierno que se merece.
Al final, con lo que nos encontramos es con gente honrada y gente truhana. Todo lo demás son ganas de marear la perdiz. Porque en la honradez, al igual que en la virginidad, no caben medias tintas. O se es, o no se es.
Personalmente pienso que una persona honrada no es la que jamás se ha apropiado de nada que no le perteneciera, sino aquella que, teniendo la oportunidad de hacerlo y lucrarse ilícita e impunemente, ha preferido hacer lo correcto y devolver lo que no es suyo: que en el caso que nos ocupa consistiría en devolver al banco el dinero recibido de más.
Aunque claro, para justificar lo injustificable, en este caso la sinvergonzonería propia, ya tenemos el refranero español para darnos la absolución,........
