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Maricarmen vuelve a casa y nada volverá a ser lo mismo

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04.10.2026

Maricarmen va a volver a su casa. Hace apenas unos días esta frase habría parecido una ingenuidad, quizá incluso una crueldad. La habíamos visto salir en camilla del piso en el que había vivido durante más de setenta años, después de un despliegue policial que consiguió finalmente ejecutar aquello que durante tanto tiempo habíamos intentado evitar. La cerradura había cambiado, el desahucio se había producido y todo el aparato institucional que acompaña estos procesos parecía haber pronunciado su última palabra. Habíamos llegado al final del recorrido, a ese punto en el que tantas veces se nos dice que ya no queda nada que hacer. Pero Maricarmen va a volver.

Conviene detenerse un momento ahí, porque en estos días todo está ocurriendo tan rápido que corremos el riesgo de pasar de una cosa a otra sin entender siquiera la dimensión de lo que hemos conseguido. Después de años de cartas, procedimientos judiciales, incertidumbre y miedo, después de varios intentos de desahucio y después, incluso, de que ese desahucio llegara finalmente a ejecutarse, Maricarmen volverá a cruzar la puerta de su casa con un alquiler que no podrá superar el 30% de sus ingresos y una serie de mejoras en una vivienda cuyas deficiencias llevaba demasiado tiempo soportando.

No ha ocurrido porque de repente apareciera una solución técnica que antes nadie hubiera sabido encontrar, ni porque quienes habían decidido expulsarla descubrieran súbitamente la injusticia de lo que estaba pasando. Entre el momento en que Maricarmen salió de su casa en camilla y el momento en que se alcanzó el acuerdo ocurrió otra cosa: cientos de personas habían puesto el cuerpo en su desahucio, miles habían salido después a las calles, la Puerta del Sol se había llenado de gente que quería hacer algo y un caso que durante años había podido ser tratado como un asunto privado entre una........

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