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¡'Farmeo' que te veo!

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12.09.2026

Hay algo fascinante en la velocidad con la que somos capaces de convertir cualquier tendencia juvenil en el síntoma de un cambio generacional profundísimo. Basta con que unos cuantos chavales se reúnan en una plaza, se reten a hacer movimientos absurdos y cientos de personas los graben con el móvil para que empecemos a leer que los jóvenes están recuperando las calles, abandonando las pantallas y descubriendo nuevas formas de relacionarse. Ahora lo llamamos farmear aura y, a juzgar por algunos de los discursos que han surgido a su alrededor, poco menos que deberíamos celebrarlo como el regreso de la vida al espacio público.

Quizá convendría rebajar un poco la épica.

Porque hay una contradicción bastante evidente en celebrar que los jóvenes han dejado las pantallas mientras contemplamos imágenes en las que buena parte del público observa el espectáculo a través de la pantalla de su teléfono. No hemos sustituido necesariamente la vida digital por la vida real: hemos sacado la lógica de la pantalla a la calle. El espacio físico se convierte en escenario, el participante en contenido y el espectador en cámara. Después, inevitablemente, todo vuelve al lugar del que había salido: TikTok, Instagram, X o cualquier plataforma preparada para transformar esos segundos de supuesta espontaneidad en visualizaciones, comentarios y nuevos imitadores.

Eso no significa que no exista interacción. Existe, por supuesto. Hay aplausos, risas, competición, encuentro y seguramente mucha gente pasándoselo estupendamente. Ojalá los jóvenes salgan, se junten, bailen, hagan el ridículo y ocupen las plazas. El problema es otro: presentar todo ello como una ruptura con las dinámicas digitales cuando buena parte del ritual está construido con códigos aprendidos en internet y con la........

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