La izquierda y los pedestales
El autor y la obra, la obra y el autor. Con mayúscula, casi: la Obra, el Autor. Debatimos con ardor si hay que separarlos, pero pensamos siempre en la vertiente sombría del asunto: en el incómodo disfrute de la obra excelsa de individuos execrables, colaboracionistas de los nazis, maltratadores de mujeres, cosas de ese tipo. Nunca le buscamos las cosquillas a una vertiente más amable, pero también pertinente, de este dilema. Cuando el individuo que ha parido una obra excelsa no es execrable, sino buena gente, y aunque lo sea, ¿hay que santificarlo?
Lo pienso leyendo unas memorias que no quiero citar, porque soy de la filosofía de que los libros —cuando su autor o autora es buena gente— hay que publicitarlos solo cuando son buenos. De este me cae bien el autor, pero no me gusta el libro, atravesado por un constante namedropping, como llaman en inglés al «dejar caer nombres»: conocí a Fulano de Tal, conocí a Mengano de Cual, he aquí una ristra de infraanécdotas sin interés y cuyo único valor es estar........
