La deriva fascista que nos engulle
Aumenta el número de casos y los agresores se van siempre de rositas. El acoso al periodista Javier Ruiz, las amenazas sufridas por Sarah Santaolalla, el señalamiento a profesionales de la comunicación como Cristina Fallarás, Rubén Sánchez, Laura Arroyo o Ana Pardo, entre otros muchos, y los ataques a espacios como la Taberna Garibaldi responden a una forma de hacer política que hace un tiempo decidió utilizar la intimidación como herramienta para cercenar nuestra convivencia. Aumenta la frecuencia y la intensidad de los acosos impunes mientras las víctimas, desprotegidas, comprueban cómo sus denuncias no prosperan o se tramitan con inexplicable lentitud. Personajes como Vito Quiles o Bertrand Ndongo continúan campando a sus anchas por el Congreso de los Diputados, al que han convertido, merced a los apoyos mediáticos con los que cuentan y el dinero que los subvenciona, en un insufrible escenario de confrontación. Tanto dentro como fuera del recinto persiguen, incomodan y provocan hasta conseguir la reacción que buscan. Luego la amplifican por todos los medios a su alcance, cada vez más numerosos y más turbios.
Estos comportamientos tóxicos y corrosivos no tienen lugar solo fuera del hemiciclo. El diputado de Vox José María Sánchez........
