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El día que Europa decidió aplaudir: del Reglamento de Retorno al apartheid migratorio

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06.04.2026

Aplaudir no es un gesto inocente. Aplaudir es elegir qué merece ser celebrado y qué no. Parece simple: manos que se unen para ensalzar algo digno de reconocimiento. Pero en estos momentos los aplausos, los gritos, los vítores y la celebración colectiva son un lenguaje que anuncia qué tipo de mundo estamos dispuestos a aceptar.

Por eso, no es casual que días atrás hayamos visto diferentes escenas que, aunque aparentemente inconexas, comparten una misma lógica: el odio por el diferente.

En el Parlamento Europeo, tras la reciente aprobación del Reglamento de Retorno, la extrema derecha y la derecha extrema estallaron en aplausos, con una euforia que recordaba más a los hooligans de un estadio de fútbol que a diputados miembros de una institución. Con exaltación celebraban la crueldad de esa norma.

Días después, en la Knesset de Israel, tras la aprobación de una ley que aprueba la pena de muerte en la horca, la reacción fue similar: aplausos, celebración, y un profundo orgullo de hacer el mal.

Y, casi al mismo tiempo, en un estadio, durante el partido amistoso entre España y Egipto, se escuchaban cánticos racistas islamófobos que respondían a la misma lógica: la emoción colectiva organizada en torno a la exclusión del otro, a su degradación simbólica, a su colocación fuera del nosotros, desde la maldad del racismo.

Estos gestos no son anecdóticos. Son rituales celebrativos. Momentos en los que un grupo se reconoce a sí mismo y delimita sus fronteras. El estadio, el parlamento, incluso las redes sociales funcionan como escenarios donde se ensaya una misma operación: decidir quién pertenece y quién no. Quién es el chivo expiatorio y quién no.

Los aplausos en el Parlamento Europeo, como los cánticos racistas en el fondo sur de un estadio, no hablan solo de quienes los protagonizan. Hablan de un clima. De una normalización del odio. De una idea que se desliza sin resistencia: que hay vidas que valen menos, que hay cuerpos más sospechosos, que hay presencias que deben ser controladas, expulsadas o silenciadas.

Como diría Rosa Luxemburgo: "la libertad es siempre la libertad de quienes piensan diferente". No es una frase abstracta, es un límite político. Porque cuando la celebración colectiva se construye sobre la humillación o la exclusión del otro, ese límite ya se ha cruzado.

El recién aprobado Reglamento de Retorno se basa en esa exclusión. Se presenta como una herramienta técnica, como una........

© Público