Ricardo Gil Otaiza: La memoria de Borges
Opinión.- Funes despertó sobresaltado y sudoroso en la oscuridad del cuarto del hotel en el que se había hospedado unas horas antes, y retumbaba aún en su cabeza el eco de la voz que le anunciaba “te vendo la memoria de Borges”, y esto no lo perturbó, porque una de las piezas narrativas que destacaba en la conferencia que dictaría al día siguiente en la universidad, era precisamente La memoria de Shakespeare: escrita en 1980 y que constituyó en 1983, junto con tres cuentos más (Agosto 25, 1983, Tigres azules y La rosa de Paracelso) un libro independiente titulado Veinticinco de agosto de 1983 y otros cuentos y, póstumamente bajo el título La memoria de Shakespeare (como parte de las Obras completas editadas por Emecé en 1989 en dos horribles volúmenes), en su análisis pretendía desatar los nudos de la pequeña obra tardía —el autor tenía para entonces 80 años y había publicado lo “mejor” de su narrativa— y la catalogaba, sin más, como una obra maestra (la última, a qué dudar), en la que “vuelve el autor argentino a sus grandes temas a modo de recapitulación en su poética narrativa”.
En plena madrugada se levantó para beber agua, se sentía agotado, tenía su cabeza convertida en un batiburrillo en el que lo propio y lo ajeno se mezclaban sin orden ni concierto, pero no se alarmó, pensó que aquello que sentía era quizás el producto del ingente trabajo desarrollado en la escritura de la conferencia, que requirió muchas horas de esfuerzo........
