Hermes 84 (I)
Allá por los meses de julio y agosto llegó a mis manos la revista Hermes 84, revista de pensamiento e historia editada por la Fundación Sabino Arana. Cuando le ha tocado su turno de lectura guardando su vez con el debido rigor he procedido a su atenta, muy atenta lectura. Ciertamente he colaborado varias veces en esta revista con auténtica ilusión, placer y voluntad de aportación positiva, y que lo volveré a hacer en cuanto sea requerido para ello. Dicho esto, y por ello, reconozco que no soy demasiado objetivo en mi opinión al respecto. Pero tengo que reconocer por medio de estas líneas que este número 84 lo guardaré con especial cariño, emoción y respeto. Sí, lo reconozco, ha habido lecturas que me han emocionado especialmente y así se lo trasladé debidamente a su directora Olga Sáez. Felicité a la presidenta de la Fundación Sabino Arana, Arantxa Tapia, y a su director, Eduardo Araujo. Extendí mis felicitaciones al donostiarra y exalcalde Eneko Goia, a mi viejo amigo Josu Erkoreka y a mi muy buen amigo Patxi Agirre con el comparto opiniones e ilusiones. Y sin hacer de menos a nadie tengo que reconocer que el texto de Teresa Usaola me emocionó en especial y así se lo hice saber por medio de amistades comunes.
Hermes 84 (I) Por José Manuel Bujanda Arizmendi
Quizás, lo admito, las vivencias de mis antepasados me jugaron una buena-mala pasada. Y en este punto me acuerdo de mi otra amiga Almudena Otaola y su precioso libro titulado El legado que seremos, libro que obviamente recomiendo vivamente. Mis antepasados si, me explico, ante la sublevación fascista del 18 de julio de 1936 mi familia que me antecedió no se puso de perfil ni acobardó. Mi aita, Félix Inocencio Bujanda (Inosen), mi tío, y hermano menor de mi aita, Gerardo Bujanda, como el hermano mayor de ellos dos, y mi otro tío, Benito Bujanda se enrolaron como gudaris en el Batallón Saseta, Compañía Beti Aurrera en la sección de ametralladoras. Lo tenían muy claro: legalidad vigente, democracia, Euzkadi como patria y nación de los vascos y cascas y su férrea voluntad de autogobierno y soberanía, la ikurriña como bandera de la nación vasca y el euskera lengua que nos hacía y hace euskaldunes y vascos. Lo tenían muy claro sí. Tocaba defenderse con las armas en la........
