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Lo que nadie te cuenta cuando empiezas en una agencia

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23.03.2026

Hay un momento en el que miras atrás y te das cuenta de que el tiempo ha empezado a correr más deprisa.

Recuerdo una conversación en la que me dijeron: «Cuanto mayor eres, más rápido pasa el tiempo». Y recuerdo mi reacción tan inmediata como insensata: pues páralo.

No se puede, claro. Pero sí se puede aprender a mirarlo de otra manera.

Nada de esto empezó cuando entré por primera vez en una agencia, ni cuando firmé mi primer contrato, ni siquiera el día que me aprobaron la primera propuesta. Empezó mucho antes. Empezó en mi casa.

Mis padres nunca me hablaron de planes estratégicos, ni de posicionamiento de marca, ni de márgenes. Me enseñaron algo mucho más valioso: responsabilidad, compromiso y cultura del esfuerzo. Me enseñaron que hay que hacer las cosas bien incluso cuando nadie te está mirando y que antes de exigir hay que demostrar.

En casa tampoco se hablaba de éxito, se hablaba de cumplir con tu responsabilidad. De intentarlo antes de quejarte, y de que, hagas lo que hagas, lo hagas de la mejor manera posible.

También que secretaria viene de secreto y que saber es poder.

Con el tiempo he entendido que esos valores, que parecían tan «nuestros», son profundamente empresariales. Y probablemente son también la razón por la que he llegado hasta aquí.

Porque a veces parece que en esta profesión lo difícil es tener talento. Pero con los años descubres que lo verdaderamente escaso es otra cosa: tener ganas.

He tenido la suerte de formar parte de proyectos y equipos que me han enseñado mucho. Hoy, desde mi responsabilidad en Exclama, sigo comprobando cada día que dirigir cuentas, liderar un equipo o gestionar una empresa es bastante más complejo de lo que parece desde fuera.

Porque las agencias no solo gestionan campañas. Gestionan expectativas, presión, talento, clientes, tiempos imposibles y decisiones que muchas veces no tienen una única respuesta correcta.

Liderar un departamento significa aprender a tomar decisiones que afectan a otras personas. Significa equivocarte, rectificar, escuchar más de lo que hablas y asumir que nunca tienes todas las respuestas.

En Exclama intentamos recordar eso cada día. Que los proyectos importan, pero las personas importan más. Que el talento suma, pero la actitud multiplica. Y que los valores que sostienen una cultura de trabajo como el respeto, la honestidad, la exigencia y la curiosidad son los que realmente hacen crecer a una agencia.

He aprendido mucho de las personas que me han apoyado, de quienes me han enseñado, de quienes confiaron en mí cuando todavía estaba aprendiendo. Pero también he aprendido de quienes me dijeron cosas incómodas. De quienes señalaron errores y de quienes me obligaron a cuestionar lo que creía que ya sabía.

En esta profesión, como en la vida, se aprende mucho más de aquello que no te gusta escuchar.

Por eso, si alguien que empieza esta carrera me pidiera un consejo, sería muy sencillo: no tengas prisa por brillar, ten prisa por aprender.

Porque el reconocimiento llega, o no, pero el aprendizaje es lo único que realmente te quedará para siempre.

Hoy tengo la suerte de trabajar con un equipo que comparte esa manera de entender las cosas. Personas curiosas, exigentes, inconformistas. Personas que buscan el tesoro, sí, pero sobre todo disfrutan del camino.

Porque una agencia no se construye solo con resultados o con excels bien ordenados. Hacen falta sueños, actitud y valores. Por eso este artículo no es solo una reflexión sobre la profesión. Es también un agradecimiento.

A quienes me enseñaron lo esencial cuando todavía no sabía que lo iba a necesitar. A quienes me corrigen, me desafían y me recuerdan que siempre hay algo más que aprender.

Porque al final, y por muchos años que pasen, en esta profesión hay una certeza que permanece: las campañas cambian, las herramientas evolucionan, las tendencias pasan. Pero los valores, si son buenos, funcionan siempre.

Escrito por Maite Aramendi, Ejecutiva de Cuentas en Exclama.


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