El cinocéfalo ministerial
El cinocéfalo ministerial
Ha elevado la ordinariez a categoría de arma de Estado. No rebate nunca: saliva. No convence jamás: descalifica.
Óscar Puente no finge. Esa es, quizá, su principal o, para ser precisos, su única virtud cardinal en un Gobierno levantado sobre la impostura. No disimula su naturaleza bajo barnices de intelectualidad barata ni pretende haber leído a Habermas entre mitin y mitin. Se presenta exactamente como es: mandíbula cuadrada, cuello ancho y verbo corto, diseñado para el embate directo y la refriega sin reglas. Mientras otros venden sofisticación bolañosa, él actúa como el recordatorio brutal de lo que realmente es este Gobierno: una máquina de poder orgánica, primitiva e implacable en su tosquedad.
No hay en el señor Puente ironía ni doblez alguna. Su estilo es el del pendenciero de patio de colegio que ha descubierto, con alegre sorpresa, que el patio es ahora el Congreso, las televisiones, las redes sociales y, premio: nadie va a venir a castigarle. Insulta con la misma naturalidad con que otros respiran. Defiende al líder con una lealtad zoológica que roza lo patológico: la del can que no concibe otra existencia que la ofrecida por la correa del amo y sólo aspira a obtener una amable caricia de........
