Imán: Nadie vuelve de la guerra
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“Nosotros somos lo que en la prensa y en las escuelas llaman héroes. Llevar sesos de un compañero en la alpargata, criar piojos y beber orines, eso es ser héroes. Yo soy un héroe. ¡Un héroe! ¡Un hé-ro-e!”. La cita procede de Imán (1930), la primera novela de Ramón J. Sender. Al autor, que escribió más de setenta libros, le incomodaba que se considerara su debut novelístico como una de sus cimas. Sin embargo, Imán es una de las grandes novelas españolas del siglo XX.
La obra apareció tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera. Sender había luchado en Marruecos con el ejército español y presentó el libro como un relato escrito en el frente. No obstante, su introducción es, en parte, ficticia. Imán tiene tanto de reconstrucción literaria como de experiencia vivida. La novela se sitúa así en un territorio ambiguo entre testimonio y ficción. No obstante, lo decisivo es que transmite una sensación de verdad.
Imán tiene rasgos de realismo social, pues denuncia el destino de miles de soldados, en su mayoría obreros y campesinos, enviados a una muerte sin sentido. Pero esta dimensión convive con una elaboración artística. La novela recrea el Desastre de Annual (1921) con un realismo cuyo determinismo social roza lo naturalista. Asimismo, hay elementos que la acercan a un cierto existencialismo avant la lettre. La importancia del paisaje seco y vacío y la presencia opresiva del sol prefiguran motivos que empleará Albert Camus en El extranjero (1942). Estamos ante una meditación filosófica sobre la condición humana en situaciones límite.
Los soldados pasan hambre y sed, desfallecen, mueren en el anonimato. La guerra........
