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La reconstrucción tras el terremoto comienza por conocer dónde vivimos

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15.08.2026

Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados.

Esta columna fue escrita por el columnista invitado Flover Rodríguez Portillo.

Un terremoto dura minutos; sus consecuencias pueden permanecer durante generaciones. El sismo de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, nos recordó de la forma más dolorosa que habitamos un territorio geológicamente activo. También volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo ocurrido era inevitable y cuánto dependió de las decisiones que tomamos —o dejamos de tomar— antes de que la tierra se moviera?

Lo primero debe ser reconocer la tragedia humana. Detrás de cada cifra hay familias que perdieron seres queridos, viviendas, empleos y proyectos de vida. Hay comunidades que siguen enfrentando incertidumbre, réplicas, interrupciones de servicios y dificultades para acceder a ayuda. Cualquier evaluación de la respuesta debe comenzar por el respeto a las víctimas y por el reconocimiento a quienes trabajan en la búsqueda, el rescate y la atención humanitaria.

El país sí contaba con capacidades que se activaron: el Servicio Geológico Colombiano identificó el evento, informó sus características y continuó vigilando las réplicas mediante una red de más de 200 estaciones. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres activó la Sala de Crisis Nacional; el gobierno convocó el Puesto de Mando Unificado y al Comité Nacional para el Manejo de Desastres, y se movilizaron grupos especializados de búsqueda y rescate. Gobernaciones, alcaldías, organismos de socorro, Fuerza Pública, personal sanitario, empresas de servicios públicos y voluntarios asumieron responsabilidades en condiciones extremadamente difíciles.

Esa reacción institucional importa y demuestra que Colombia no parte de cero. Desde la creación del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, mediante la Ley 1523 de 2012, el país ha construido protocolos, capacidades de monitoreo y mecanismos de coordinación. El Banco Mundial incluso ha reconocido a Colombia como referente regional por los avances logrados en gestión del riesgo. La respuesta inicial al terremoto mostró parte de esa capacidad acumulada.

Sin embargo, activar instituciones después del sismo no equivale a haber gestionado adecuadamente el riesgo antes de él. Una emergencia de esta magnitud pone a prueba mucho más que los organismos de socorro: examina la calidad de las edificaciones, la localización de los asentamientos, el estado de hospitales y escuelas, la estabilidad de las laderas, las vías de acceso, las comunicaciones, el avance del conocimiento geológico del país y la preparación de la ciudadanía. En otras palabras, un terremoto evalúa décadas de decisiones sobre desarrollo y ordenamiento territorial.

Sí, pudo ser mucho peor. El Servicio........

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