El país que aparece cuando todo tiembla
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En momentos así desaparecen las diferencias de creencias, ideologías o gustos. La realidad termina imponiéndose y nos recuerda que, frente a la adversidad, somos esencialmente personas con capacidad de sentir, creer y amar. La tragedia nos une alrededor de quienes han sido golpeados por la fuerza de la naturaleza.
Pareciera, incluso, que esa misma fuerza nos invita a agradecer lo esencial: estar vivos, tener familia y amigos, pero también recibir de personas desconocidas manifestaciones de solidaridad. De repente, cambian las prioridades y lo importante y lo urgente se encuentran para hacer y ser una fuerza casi divina.
No hay aporte pequeño. Lo vemos en la fuerza sobrehumana que hacen quienes remueven escombros; en quienes prolongan sus turnos en los hospitales; en quienes arman cocinas en la calle para mitigar el hambre de las víctimas y de esos héroes anónimos que trabajan como ángeles. Está también en quienes prestan maquinaria, abren las puertas de sus casas, donan dinero, alimentos, ropa, utensilios o medicinas. Está en........
