Tocata y fuga, o, entre todos la mataron y ella sola se murió
La playa de Las Canteras. / ANDRES CRUZ
Hay dos expresiones populares que, aun procediendo de mundos distintos, describen, a mi entender, con extraordinaria precisión una de las debilidades históricas de Canarias. La primera pertenece al lenguaje musical: Tocata y fuga. La segunda nace de la sabiduría popular: Entre todos la mataron, y ella sola se murió. Ambas hablan, en el fondo, de lo mismo: del peligro de que una oportunidad termine disolviéndose entre muchas voces y ninguna voluntad.
Hace apenas unos días publiqué Un candil llamado Canarias. No pretendía ofrecer un programa político ni una fórmula milagrosa. Era, simplemente, una invitación a mirar el Archipiélago desde otra perspectiva: no como el extremo meridional de Europa, sino como el lugar donde Europa puede proyectar parte de su futuro atlántico hacia África y América.
La respuesta recibida ha resultado tan inesperada como esperanzadora. Diversos articulistas, profesionales y ciudadanos han expuesto las simientes para aquella idea desde ópticas muy distintas. Unos han insistido en la dimensión económica; otros, en la cooperación internacional; algunos, en el conocimiento universitario y otros en la capacidad institucional de nuestras islas. Es una buena noticia. Pero también aparece una pregunta inevitable: ¿Seremos capaces de transformar esa coincidencia intelectual en una posición compartida de Canarias? Ahí comienza la verdadera prueba.
La tocata representa el talento, la creatividad y la brillantez de las interpretaciones individuales. La fuga, sin embargo, nos recuerda que las voces sólo adquieren sentido cuando dialogan entre sí siguiendo una misma arquitectura. Canarias posee audaces empresarios, investigadores, administraciones, creadores y organizaciones sociales. Lo que demasiadas veces nos ha faltado no son ideas, sino una partitura común.
El viejo refrán resulta todavía más incómodo porque........
