Al oído de los cañahuates florecidos…
Cuántas cosas perdimos por no haber parado en el camino, por no escuchar esa vieja flauta en los trinos de los pájaros, por no interpretar la sonrisa bonita de una mujer del campo, por no saber qué es un molino, una canoa, en fin…
Los viejos pensamos mucho en eso, con la ilusión de liberar el alma de tantos cerrojos de la vida, abrirla a los árboles, a las flores, a la miniatura fascinante de una abeja hecha de miel, o a un arroyuelo mensajero de secretos.
Y........
