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Votar por la vida, la naturaleza y los más pobres

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12.06.2026

Escuchar a los voceros de la causa oficialista es adentrarse en un paraíso verbal donde la paz, la justicia social y el cuidado de la casa común están garantizados por decreto. Sin embargo, a las puertas de una segunda vuelta presidencial decisiva, el país no se debate entre dos discursos, sino entre el relato idílico de la continuidad que encarna Cepeda y la cruda realidad que los colombianos padecemos en el territorio.

Empecemos por el fetiche ambiental. Se nos presenta un proyecto político como el salvador de la naturaleza, pero la vida real demuestra que la soberbia burocrática de la “Revolución Moral” ha sido el mejor aliado de la devastación. Al cerrarle la puerta a la minería legal —aquella que paga impuestos, cumple estándares rigurosos y compensa sus impactos—, el Gobierno y el buenismo no salvaron los ecosistemas; simplemente los entregaron. El vacío que dejó la formalidad fue ocupado de inmediato por la ilegalidad más rapaz. Hoy,........

© La Opinión