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Magdalena de Ulloa: el tiempo que permanece

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monday

Margarita de Ulloa / Cedida

Quinientos años son muchos años.

Son amaneceres que se han ido desgranando uno a uno  desde que, en un verano de 1525, nació en Toro una niña llamada Magdalena. Hoy, medio milenio después, es necesario homenajearla porque seguimos pronunciando su nombre como quien enciende una lámpara antigua para que vuelva a brillar. Porque el tiempo, ese viajero que nunca se detiene, también sabe conservar, en lo más hondo de sus memorias, los rostros que dejaron huella. Y Magdalena de Ulloa, aunque durante siglos permaneció a la sombra de grandes varones, es uno de esos rostros que la historia empieza, por fin, a rescatar. Esta semana habrá tres días de celebraciones en Toro en honor a ella en el quinto centenario de su nacimiento https://www.laopiniondezamora.es/toro/2026/05/06/tres-dias-celebraciones-toro-honor-129901634.html?utm_source=whatsapp&utm_medium=social&utm_campaign=btn-share

Vivimos en tiempos inquietos, apresurados, obsesionados por acelerar cada minuto. Y, sin embargo, hay presencias que nos obligan a detenernos. Magdalena es una de ellas. Su figura se levanta hoy, quinientos años después, como un signo luminoso en mitad de nuestra prisa. ¿Qué hizo para que aún la recordemos? ¿Qué fuerza interior sostuvo su andadura para que se convirtiera, sin buscarlo, en una de las mujeres fundadoras más significativas del siglo XVI castellano?

La respuesta late en su historia, pero sobre todo en su corazón.

Magdalena de Ulloa nació rodeada de nombres ilustres —los Ulloa, los Toledo, los Quijada— y en una Castilla donde el linaje pesaba más que el viento. Era la única mujer entre cuatro hermanos: Rodrigo, marqués de la Mota; Pedro; y Bernardino, dominico y........

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