¿Quién educa a los examinadores? PISA mide al alumnado, el mercado dicta las preguntas
¿Quién educa a los examinadores? PISA mide al alumnado, el mercado dicta las preguntas
El informe PISA ha vuelto a caer sobre nosotros como una tormenta de verano. Truenos en las tertulias, relámpagos en los periódicos y una lluvia de estadísticas. Durante unos días compararemos comunidades autónomas y países, admiraremos a Finlandia, envidiaremos a Singapur y buscaremos culpables.
El Gobierno señalará a la herencia recibida; la oposición, al Gobierno; las familias, a la escuela; la escuela, a las pantallas; y quizá todos terminemos culpando al alumnado por no aprender dócilmente lo que nosotros no sabemos muy bien para qué sirve.
Se examinarán resultados, se detectarán lagunas, quizás nos preguntemos por las causas, y se crearán comisiones. Tal vez aparezca incluso un nuevo plan educativo, porque en este país, cuando no sabemos cómo arreglar un problema, solemos ponerle una sigla. Después pasará la tormenta, se cerrarán los paraguas y seguiremos caminando más o menos como antes.
Pero la pregunta importante no es solo si nuestros jóvenes leen peor o calculan menos. Es otra: ¿para qué mundo y para qué forma de vida los estamos preparando?
Don Quijote vuelve a las aulas
Cervantes ya conocía el problema. Don Quijote había leído demasiado y, sin embargo, veía bastante mal: confundía molinos con gigantes, ventas con castillos y rebaños con ejércitos. Tenía mucha enseñanza en la cabeza, pero poca realidad bajo los pies.
El relator reconoce que, fuera de la caballería, mostraba "claro y desenfadado entendimiento"; pero en cuanto aparecían sus obsesiones, el hombre más razonable de La Mancha salía disparado contra cualquier molino (II, cap.........
