El bar como último refugio
Clientas en el bar de Otero de Bodas / Araceli Saavedra
Hay un silencio espeso que no pertenece a la naturaleza. No es el silencio de los campos de trigo agostados por el sol, ni el del cierzo que dobla las encinas en las noches de invierno. Es un silencio frío, de cemento y cerradura, que se instala en los pueblos de Zamora el día que el bar baja la persiana para siempre. En ese instante exacto, una línea invisible se cruza: el pueblo no solo pierde habitantes en el censo; empieza a perder la memoria de su propia voz.
En la geografía de la Zamora........
