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Rebuznos

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10.05.2026

Un burro en la puerta de una vivienda. / Archivo TLM

No hace falta ver una película de terror: una vez más, la realidad supera a la ficción: incendios, pandemias, epidemias, guerras, hachazos, tiroteos, violaciones, atentados, accidentes… Ver y escuchar los informativos diarios pone el vello de punta, da miedo: Frankenstein, Drácula, Belcebú, La momia y la niña de El Exorcista ya no asustan a nadie ante la avalancha de noticias trágicas que surgen cada día.

Tuvimos fortuna las generaciones que nacimos a mediados del siglo pasado, cuando todo era una maravillosa ausencia de progresismo. Fue un tiempo feliz, sin ruidos, en donde la pacífica rutina y la familia otorgaban paz al espíritu.

La naturaleza quedaba cercana, se convivía con ella y había burros de cuatro patas, mucho más inteligentes y pacíficos que los burros actuales de dos patas. El burro, ese cuadrúpedo herbívoro y manso, denostado por la sinrazón a la que lleva la mansedumbre, servicial y presto al capricho del amo. Animal noble que acompañó a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén entre palmas y ramas de olivo, punto de referencia de la humildad y abnegada nobleza........

© La Opinión de Murcia