El lechero
'Polero' en los años sesenta, en un día de lluvia. / Archivo TLM
Sin apenas darnos cuenta, estamos ya en otro verano, uno más; tiempo de destierro y sudores. Cuando España era una unidad de destino en lo universal y los niños, antes de entrar a las aulas, cantaban himnos imperiales bajo las banderas victoriosas de la paz, las madres cortaban el pelo al cero a sus retoños para afrontar los rigores del calor y los pies eran liberados de sus jaulas, siendo las sandalias las sustitutas de los eternos zapatos ‘Gorila’. Las calificaciones, buenas o malas, dictaban penitencias estivales con las calabazas o nos coronaban con los laureles del aprobado…
Los helados Monerri de las rubias, con su local cercano a la Glorieta, abrieron sus puertas allá por una Semana Santa que, paradójicamente, parecía muy lejana. Desde entonces, el polero de helados ‘Segura’ y ‘La Benejamense’ con sus carritos de helado aguardaban pacientes la salida de los colegios: polos con sabor a fresa, limón y arroz con leche para calmar la calorina temprana que se da por estos lares y sosegar los estómagos encogidos por los........
