El Jardín
El jardinero José Moreno ‘Manú’ hace retoques a una planta. / Archivo TLM
Hoy estrenamos mes. Muchos aseguran que marzo, mes festivo para falleros y Pepes del mundo, es un mes sin personalidad climatológica. Se equivocan, porque marzo, el anodino, tiene como misión regular el final del invierno y la venida de la primavera.
En la Edad Media, la cristiandad festejaba el tránsito de año a año el veinticinco de marzo, cuando florecían los campos y la tierra se desposaba, tras la soledad del invierno, con el equinoccio primaveral. Brotaban a un mismo tiempo el año, las flores y los nidos. Es el tiempo en que los poetas afilan sus lápices para cantar a la estación vernal y los jardineros se afanan en limpiar y abonar parterres para la explosión de color y vida que, en unos días, hará acto de presencia de forma puntual en campos y jardines.
El cambio de estación es también tiempo de despedidas, ya que la primavera que llega suele llevarse por delante a más personal que el propio otoño, al que siempre se ha tildado de estación lúgubre, propia de........
