Comer y cantar
‘La fonda negra’ de Francisco Sánchez Pérez en la calle González Adalid. / Archivo TLM
Existió un tiempo en el que se comía poco, pero se comía con alegría. Fue en los años cincuenta, cuando el subdesarrollo y la hambruna que depararon la posguerra y el bloqueo internacional sufrían sus últimos estertores.
La radio era dueña y señora en aquella España sin televisión. Los discos dedicados sonaban en programas de mañana y tarde, compitiendo en popularidad con concursos y lacrimógenos seriales radiofónicos.
Ocurrió cuando las cocinas de los hogares aún no habían descubierto los fogones de butano y las fresqueras chorreaban la grasa de los embutidos y quesos que las habitaban. La figura del tío del hielo era habitual entre los afortunados que disfrutaban en sus cocinas de la nevera ‘Pingüino’.
La radio y su obligado elevador eléctrico sonaba y sonaba junto al crepitar de la fritanga y el hervor de los potajes. El hervido de coliflor triunfaba por aquellos días, inundando con sus efluvios los más recónditos rincones de la casa,........
