Volviendo a Macondo
Una imagen promocional de la adaptación de Netflix de ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. / L.O.
Existen libros que están a otro nivel. Una suerte de jerarquía marcada por varias décadas de vida y millones de lectores enamorados de una obra. No es esta una afirmación novedosa; pero sí refuerza una idea: algunas novelas pertenecen, más allá del propio mundo de la literatura, a un lugar privilegiado en el corazón de mucha gente.
En 1965, en un viaje familiar hacia Acapulco (México), Gabriel García Márquez veía, por fin, la configuración hilvanada de una serie de historias fraguadas, desde hacía mucho tiempo, en su mente y en anteriores escritos. Narraciones que habían poblado su imaginario desde la niñez, a través de relatos contados o vividos dentro de su propia familia. Hay en ello algo prodigioso: la mirada poderosamente poética sobre la realidad cercana de la que nace una fabulación universal. La historia es bien conocida. La escritura de Cien años de Soledad estuvo marcada por una fiebre creativa que duró dieciocho meses, sumiendo al Nobel colombiano y a su familia en una precariedad económica que, Mercedes Marcha (esposa del escritor) sorteó como pudo. La obra fue terminada en agosto de 1966, poco........
