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La ciudad que protesta lo que no consume

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03.05.2026

Confitería Aparicio echa el cierre a uno de sus establecimientos en el centro de Málaga. / l.o.

Hay ciudades que no necesitan enemigos. Se bastan solas, con una admirable eficacia, para generar sus propias batallas, sus propios agravios y, por supuesto, sus propios culpables. Málaga, que en esto también ha decidido ser moderna, ha perfeccionado un deporte local de alto rendimiento: la indignación selectiva. Y como todo deporte contemporáneo, se practica en redes sociales, que es donde hoy se corre sin moverse y se opina sin saber.

El último episodio de esta disciplina olímpica ha tenido como escenario una confitería de toda la vida. Aparicio. Un clásico del centro histórico, con ese aire de establecimiento que no necesita explicarse porque forma parte del paisaje sentimental de varias generaciones. Pastelería con sus carteles de torrijas pintados a mano, su repisa con cajas de bombones y muñecos para los chiquillos y unas bandejas de pastelitos la mar de buenos. Durante un tiempo, incluso, convivieron dos locales a escasos metros, como si la abundancia fuese un capricho posible. Una anomalía extraña. Ahora, uno de esos dos ha cerrado. Y con ese cierre -de un local, no de la marca- se ha desatado una tormenta de proporciones bíblicas.

Porque claro, en el relato oficial de la indignación, lo que ha sucedido no es que un negocio haya ajustado su estructura a la realidad del mercado. No. Lo que ha sucedido, según se ha dictaminado con rapidez quirúrgica en tuiter es que Málaga ha perdido otra de sus esencias, devorada sin piedad por el turismo, los apartamentos turísticos, los brunch de aguacate y las tartas de queso descongeladas.

La secuencia es ya un clásico. Alguien lanza una queja. Otro la amplifica. Un tercero la convierte en símbolo. Y en cuestión de horas tenemos un diagnóstico completo de........

© La Opinión de Málaga