Cuba: la hora de los hornos o temporada de huracanes
La Habana. Sentado en un rústico bar en el Callejón de Hammel, que anuncia como su especialidad "El Negrón", un cóctel elaborado a base de ron, albahaca y miel, entre pinturas, murales y esculturas, muchas dedicadas a deidades santeras, Mario sentencia: "somos especialistas en huracanes. Llegan con sus diluvios, pero pasan y seguimos con nuestra vida. Bailamos, bebemos, comemos, disfrutamos. También somos especialistas en beisbol y en crisis. Las hemos pasado todas. Esta que está provocando Trump no es especial, por más dura que sea. Es una más. Ya pasará".
Es la misma actitud que tiene un grupo de jóvenes estudiantes de Derecho, que, dirigidas por un coreógrafo, montan un bailable en los patios de la Universidad de La Habana, apenas a unos pasos de una pinta en la acera con la consigna: "Palestina Vencerá!". Danzan al compás de una canción que suena en un teléfono celular. El lunes habrá un festival cultural en la Plaza de las Artes y ellas ensayan con alegría para participar. Para las futuras abogadas, la vida continúa a pesar de la incertidumbre y las dificultades de los nuevos tiempos.
Como sigue para las decenas de vendedores ambulantes, que, en rudimentarios puestos desperdigados en distintas calles, despachan papas, pimientos, cebollas, jitomates, plátanos, papayas, guayabas. O para quienes hacen fila para comprar su pan, en una panadería con una fachada azul que anuncia "Cuba vive y trabaja". El pequeño comercio florece. Es evidente en la proliferación de esos negocios, pero, también en diversos restaurantes privados, en los que los comensales son cubanos y no solo turistas.
Hoy hay menos tránsito en las calles. Circulan menos vehículos. La escasez de combustibles es palpable. Muchas estaciones de servicio están cerradas, por falta de gasolina. Pero la ciudad fluye. Hay mucho movimiento. Los peatones van y vienen. En el malecón, cerca de la estación de ferrocarriles,........
