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Dictadura Civil Fascista, Religión y Cultura del Recogido Abelardo de la Espriella en Colombia

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08.09.2026

En memoriam a los campesinos curadores y sanadores del cuerpo y del espíritu de San José del Guaviare-El Retorno. Doris, tu luz brillará por siempre Q.D.E.P.

I. Recoger lo que no deseo

La acción política del denominado “Recogido”, Abelardo de la Espriella, en el marco de su mandato fraudulento durante el siglo XXI, ha generado una profunda fisura en la sociedad colombiana y suscita interrogantes fundamentales: ¿Qué es una democracia en el siglo XXI? ¿Dónde se representa realmente el poder político? Su gobierno se articula en dos esferas que, aunque se delimitan entre sí, configuran una unidad autoritaria que constituye el principio rector del fascismo heredado.

En primer lugar, emerge la relación cóncava entre mandato, religión y poder. En segundo lugar —no complementaria, pero parte de esa hipérbole política— se despliega la acción convexa de lo policivo-militar bajo una doctrina de seguridad nacionalista. La religión se erige como tema central para la consolidación del poder, articulándose en las instancias de un gobierno de Dictadura Civil Fascista (DCF), donde el componente religioso implica un poder binominal —religión/poder en el mandato político— que sustenta un autoritarismo económico y un vacío de retoricismo.

De esta manera, el sentido sacramental impregna diversas esferas económicas, tanto internas como foráneas, configurando un “poder ungido por encima de Dios” que —según la autopercepción del mandatario— le otorgaría sabiduría para gobernar por encima de los derechos humanos, civiles, patrimoniales y culturales de una población definida en la Constitución de 1991. Sin embargo, dicha Constitución se torna nominal en manos de un megalómano con personalidad centrífuga, detonantes misóginos y una naturaleza díscola que lo lleva incluso a contradecir sus propios deseos, manifestándose públicamente mediante actos de retoricismo vulgar —como lo denominaría Platón en el diálogo de Fedro.

El Recogido actúa, pero no dirige; debe servir a otros y carece de capacidad para gobernar. Se encuentra impedido en su propia naturaleza: no logra discernir sino a partir de emociones, encantos y espectáculos públicos, haciendo valer su presencia ante una masa de población deambulante y laberíntica, deseosa de otra figura paternal que le ayude con su carga de frustración y desastre vital. Las decisiones del Recogido están sometidas a intereses ocultos que lo obligan a ejercer únicamente cuando el poder fáctico se lo ordena: es un signo de hybris. Esta representación servil de la dirección política lo coloca en un sarcófago moral de su tiempo.

La........

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