menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Cómo Marruecos intenta convertir la ocupación del Sáhara Occidental en un hecho irreversible

27 0
18.09.2026

Los siete pilares de la ocupación de la tierra de un pueblo olvidado.

Hay ocupaciones que comienzan con una invasión y terminan cuando el ocupante se retira. Otras intentan sobrevivir de una manera mucho más sofisticada: construyendo alrededor de la ocupación un sistema de leyes, muros, población, dinero, intereses económicos, presión, influencia y propaganda destinado a hacer que el mundo termine olvidando cómo comenzó todo.

Este artículo trata de una de esas ocupaciones. Y de los siete pilares sobre los que se intenta sostener.

La tierra es la misma. El pueblo también. Lo que ha cambiado es la arquitectura construida alrededor de la ocupación.

Esa tierra es el Sáhara Occidental. Y ese pueblo es el pueblo saharaui.

La historia de las ocupaciones coloniales demuestra que el control militar de un territorio es solamente el primer paso. Para conservarlo durante décadas, el ocupante necesita construir una realidad paralela: una administración que presente el territorio como propio, una población de colonos que vaya modificando la composición demográfica, otra población originaria sometida a la opresión, una economía que genere intereses, empresas que tengan algo que perder, gobiernos que encuentren ventajas en mantener determinadas relaciones, redes de influencia que defiendan la posición del ocupante y una narrativa que transforme la ocupación en normalidad.

Francia intentó hacerlo en Argelia

La conquista militar fue acompañada de leyes, decretos, división administrativa, colonización europea y progresiva incorporación del territorio al sistema político francés. París intentó convertir una conquista colonial en una realidad que pudiera ser presentada como parte integrante de Francia, al igual que el régimen del general Francisco Franco declaró el territorio del Sáhara como provincia española (número 53) mediante un Decreto de la Presidencia del Gobierno, el 10 de enero de 1958.

Pero la historia demostró que ninguna ley del ocupante puede transformar la ocupación en soberanía legítima.

En el Sáhara Occidental, Marruecos ha desarrollado durante décadas una estrategia que va mucho más allá de la presencia militar.

Es una arquitectura multidimensional.

Y sobre ella descansan los siete pilares de esta ocupación.

El pilar de la fuerza: ocupación militar, muro, aparato represivo y miedo

Una ocupación comienza por la fuerza y, mientras no consigue legitimidad, necesita seguir dependiendo de ella. El muro no solo cumple una función militar: divide la tierra saharaui de norte a sur, separa comunidades y familias y consolida físicamente una realidad territorial nacida de la guerra y de la ocupación.

El primer pilar de la ocupación marroquí es, por tanto, el control físico y militar del territorio.

Marruecos mantiene un amplio dispositivo militar acompañado de fortificaciones, puestos de vigilancia, sistemas de control y otras infraestructuras militares. En medio del territorio se extiende el denominado Muro de la Vergüenza del Sáhara Occidental, un sistema de bermas y fortificaciones de aproximadamente 2.720 kilómetros, acompañado de campos minados y custodiado por más de 120.000 soldados.

El control del territorio tiene además una segunda línea: el aparato represivo, formado por policías, fuerzas auxiliares (Mjaznía) y los servicios de seguridad y de inteligencia.

En las ciudades ocupadas, la población saharaui que reivindica públicamente el derecho a la autodeterminación se enfrenta a violaciones sistematicas de derechos humanos, vigilancia constante, restricciones de las manifestaciones, persecución de activistas, detenciones arbitrarias, juicios sumarios, intimidación y obstáculos para el trabajo de periodistas y observadores internacionales, en total territorio cerrado a cal y canto a los que no apoyen la ocupación.

De esta manera se establece una doble frontera:

una frontera militar para controlar el territorio y una frontera policial para controlar a quienes lo habitan.

El resultado es un clima permanente de presión y miedo que sufren quienes defienden públicamente el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

Y aquí aparece una de las paradojas fundamentales de toda ocupación:

cuanto más intenta presentarse como una situación normal, más necesita recurrir a mecanismos extraordinarios de seguridad para impedir que la población ocupada cuestione esa supuesta normalidad.

Pero controlar militarmente un territorio no basta para conservarlo indefinidamente.

Para que una ocupación sobreviva al paso de las generaciones, necesita transformar también la sociedad que vive en él.

Ahí comienza el segundo pilar.

El pilar de la ingeniería demográfica: cambiar la población para cambiar la realidad

La experiencia colonial demuestra que una de las herramientas más eficaces para consolidar una ocupación consiste en modificar progresivamente la composición de la población.

El asentamiento de población procedente del Estado ocupante, unido a políticas de empleo, vivienda, subsidios e inversión en beneficio de los colonos, puede terminar alterando profundamente la estructura social de un territorio.

En el Sáhara Occidental, organizaciones de derechos humanos y estudios sobre la situación socioeconómica han denunciado discriminación en el acceso al empleo, vivienda y tierras, así como desigualdades en las oportunidades disponibles para la población saharaui.

La cuestión laboral resulta particularmente significativa.

Cuando los jóvenes saharauis encuentran dificultades para acceder a empleos dignos en su propio territorio mientras se favorece la llegada de trabajadores procedentes de Marruecos, el problema deja de ser exclusivamente económico.

Tiene también una dimensión demográfica y política.

La población originaria comienza a perder peso en sectores estratégicos de la economía y, progresivamente, en la propia estructura social del territorio.

Y la transformación demográfica tiene una consecuencia política y cultural de enorme alcance: las nuevas generaciones pueden crecer en una realidad completamente diferente de la existente antes de la ocupación.

El pilar económico: convertir los recursos naturales saharauis en instrumento de consolidación de la ocupación de su propia tierra

El tercer pilar es la economía.

El Sáhara Occidental no es un territorio sin valor estratégico.

Posee importantes recursos naturales y grandes posibilidades económicas: los fosfatos de Bucraa, recursos pesqueros, tierras agrícolas, potencial eólico y solar y una posición geográfica privilegiada frente al Atlántico.

La explotación de estos recursos genera ingresos.

Pero puede generar algo todavía más importante para una potencia ocupante:

Intereses extranjeros vinculados al territorio.

Una empresa que invierte millones necesita estabilidad.

Una compañía que obtiene contratos necesita continuidad.

Un Estado que desarrolla........

© Kaos en la red