Febrero y otros machetes que volvieron a cantar
Evoco la fecha y me imagino enseguida a Bartolomé Masó ensillando su caballo a los 64 años. Tenía la edad de un abuelo, inmensas cicatrices en el alma y aun así se fue a la manigua, desde su finca de Bayate, estimulando a unos pocos seguidores, que crecieron después por el respeto que inspiraba ese jefe insurrecto, segundo de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua.
También me dibujo en la mente al bravo Guillermón Moncada, quien se levantó aquel 24 de febrero de 1895 sabiendo que, a sus pulmones, destrozados por la tuberculosis, les quedaba poco tiempo. Podía haberse retirado a un rincón por la enfermedad devastadora; sin embargo, tomó rumbo al monte para espolear la guerra y remover conciencias con su ejemplo.
Murió el 5 de abril de 1895, apenas 40 días después del........
