Solidaridad y prudencia
Imagen de archivo de la Policía Nacional.
Si un día invitamos a unos amigos a cenar a nuestra casa y su hijo se comporta fatal -saltando sobre el sofá, tirando objetos, gritando sin descanso o molestando a los vecinos-, podríamos pensar que todos tenemos un mal día. Incluso podríamos invitarlos una segunda vez o, si les tenemos mucho aprecio, hasta una tercera. Ahora bien, si los malos modos dentro de nuestra propia casa se convierten en costumbre, lo........
