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No somos como ellos

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03.04.2026

03 de abril 2026 - 03:06

Todos llevamos grabado el lugar donde crecimos: su gente, su lengua, sus paisajes y las emociones de la infancia y la juventud. Esas vivencias nos acompañan siempre. Nací en Euskadi y allí pasé el tiempo suficiente para forjar mi pasión por el Athletic, la devoción por la Virgen de Begoña y esa melancolía propia de la lluvia persistente, el sirimiri y el Cantábrico bravo.

Con el tiempo tuve la fortuna de conocer otros lugares y otras formas de sentir. Descubrí mares distintos, amistades que se transforman en familia y personas que vibran con el Betis, la Macarena y una manera de entender la vida en la que el sol es casi una necesidad. De esa experiencia nace una identidad plural que, lejos de alejarme de los demás, me ha acercado a muchos. Cuanto más conozco realidades diversas, más extraordinario me parece el mundo y más consciente soy de lo mucho que compartimos. Me siento profundamente vasco por herencia y sentimiento, y al mismo tiempo un español abierto al conjunto del mundo. Esa mirada plural siempre me ha alejado de los patriotismos excluyentes, de quienes sitúan la identidad por encima de valores esenciales como la equidad, la tolerancia, la solidaridad y la democracia. Quizá por ello, según el lugar, se me etiqueta de manera opuesta: en mi tierra de origen soy considerado un “facha español”, y en la ciudad donde trabajo, un “proetarra defensor de una España plurinacional”. Este debate me resulta estéril y cansino. Amo Euskadi, pero no puedo permanecer indiferente cuando veo cómo una asesina, conocida como Amboto, es recibida con aplausos al salir de prisión. Esa escena muestra que, tras una sociedad con altos niveles de bienestar, persisten síntomas inquietantes de una profunda enfermedad moral. Frente a ello, el silencio resulta ensordecedor, y no es indiferencia: es cobardía. ETA fue derrotada y no alcanzó ninguno de sus objetivos. La historia la ha colocado donde siempre debió estar: Fueron una banda de asesinos. Quienes intentan blanquearla con recibimientos, mienten. Los que afirman que ha gana do, se engañan y buscan enredar al gobierno. Y los que callan contribuyen a normalizar lo inadmisible. Amboto es una asesina derrotada que sólo merece aislamiento y desprecio. Su libertad parcial solo demuestra que la democracia, incluso cuando duele, no actúa como lo hacen las bandas terroristas. No somos como ellos, somos mejores.

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