Catalunya ante el espejo de la Roja
Domingo pasado por la tarde. Un bar amplio, con mucha gente. Inevitablemente, empezamos a comentar la final del Mundial, España-Argentina, que se juega dentro de pocas horas. En las mesas de alrededor, algunas parejas y familias. Unas hablan en catalán entre ellas y otras en castellano. Casi todos llevan puesta la camiseta de la selección española, muchos la blanca. También una niña de tres o cuatro años, con la cabeza coronada de rizos, que corre entre la gente. Mis interlocutores son gente formada: profesionales liberales, empleados de banca, etcétera. También gente que se siente catalana y, la mayor parte, soberanistas o independentistas. Alguien suelta la pregunta fatídica: Y vosotros, ¿queréis que gane España o Argentina? Todos menos uno están a favor de España. A pesar de Messi, como puntualiza un amigo abogado. Algunos se sienten poco o muy culpables y alegan, por ejemplo, que hay ocho jugadores del Barça y nueve catalanes en la selección. Afortunadamente, durante la conversación, a nadie se le ocurre soltar esa imbecilidad según la cual "no hay que confundir el fútbol con la política" o esa otra que sentencia que "solo es fútbol".
Pienso en el nacionalismo banal de Michael Billig. En lo superficial y a la vez poderosa que es su acción. Especialmente si se produce a través de la emocionalidad y el espectáculo, que tan bien condensa el fútbol. Y si........
