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Volver a Mendoza

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28.04.2026

Leí con mucho interés el artículo que Salvador Sostres publicó este domingo en el ABC sobre el día de Sant Jordi y la Barcelona de Eduardo Mendoza. Me impactó que mi viejo amigo fuera tan generoso con la Barcelona que cocinó y alimentó los traumas de su familia y tan tacaño con la ciudad que lo hizo un hombre. No me invento nada, ni explico nada que él no haya escrito muchas veces. Se puede leer en Lucía, la novela que publicó antes de pasarse al catalán, y en los artículos del Avui. Basta con comparar los hechos, los adjetivos y, sobre todo, la luz de la prosa.

Siempre me impresiona que Sostres parezca tan desagradecido con la Barcelona que le ha permitido ser padre y dejar escritos algunos artículos memorables. Con la Barcelona que le dio una oportunidad para que pudiera arreglar su vida, y le ofreció a los pocos amores que lo han conocido de verdad. Ya sé que los genios tienen una relación especial con la verdad y que son genios justamente porque saben manejar el hilo diabólico de las paradojas. Por eso trato de estar atento a sus artículos, aunque no tengan la magia, la pulcritud ni el brillo solar de antaño. De hecho, a menudo me recuerdan aquellas salchichas envenenadas que los ladronzuelos de temporada tiran a los perros que vigilan las casas que quieren asaltar.

Dicho esto, leyendo esta última columna, me pasó una cosa que no me había pasado nunca. Me pareció que Sostres corría el peligro de caer aún más bajo que los políticos del procés. El artículo me hizo pensar en la........

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