Un 9 de abril de 2026
Me desplacé hacia la capital con el corazón dispuesto a continuar trabajando por la paz y la reconciliación de mi país. Con un optimismo que muchos me han señalado de ridículo e ignorante, pero al que no pienso renunciar por la fe que mi alma profesa. Inicié la jornada en un intercambio de experiencias sobre iniciativas de memoria histórica con miras a identificar avances concretos y desafíos para implementar sus proyectos, los cuales tienen un fuerte componente pedagógico para la apropiación social del legado de la CEV. Pronto se me informó que una de las madres de las escuelas itinerantes “No más hijos para la guerra” no podría llegar. ¿La razón?, su sobrino........
