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UN CACHAGENERO EN DEFENSA DE CARTAGENA

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13.09.2026

UN CACHAGENERO EN DEFENSA DE CARTAGENA

UN CACHAGENERO EN DEFENSA DE CARTAGENA

Por Gabriel Jaime Dávila Gómez

Esta columna no nació frente a un escritorio. Nació caminando.

Todos los fines de semana recorro la zona costera de Cartagena. Generalmente camino entre 10 y 12 kilómetros; hoy fueron 17. En esos recorridos no solamente hago ejercicio: observo la ciudad, converso con la gente y veo, paso a paso, cómo se transforma Cartagena.

He conocido sectores de nuestra costa que durante años parecieron abandonados. Hoy encuentro obras, parques, corredores deportivos, familias, caminantes, corredores y ciudadanos que están volviendo a apropiarse de espacios que antes no podían disfrutar plenamente.

Mientras caminaba como buen pensionado, reflexionaba con un amigo chocoano y otro amigo cachaco, bogotano, sobre algo difícil de entender: la facilidad con la que algunas personas hablan mal de Cartagena, la maldicen y hasta parecen alegrarse cuando creen encontrar una dificultad que puedan utilizar políticamente.

Más triste todavía es que algunos de esos ataques tengan áulicos cartageneros.

Una cosa es criticar para corregir. Cartagena necesita vigilancia ciudadana, control político y exigencia. Otra muy diferente es tomar una imagen aislada, mostrar una calle poco concurrida y proclamar que se acabó el turismo, con la intención de perjudicar la reputación de la ciudad y convertirla en instrumento de una campaña hacia 2027.

La afirmación de que el turismo desapareció por la llegada de Abelardo de la Espriella carece de lógica. No se le puede atribuir a un gobierno que no llevaba siquiera un mes un comportamiento turístico construido durante los meses anteriores.

Además, las cifras oficiales del primer semestre de 2026 no muestran una ciudad abandonada: Cartagena recibió más de 1,9 millones de pasajeros por vía aérea, con un crecimiento del 3,8 %, y más de un millón por vía terrestre, un 25,1 % más que en el mismo periodo anterior.

Es cierto que la ocupación hotelera ha tenido dificultades y que algunos sectores tradicionales sienten una menor actividad. Eso debe analizarse con seriedad. Pero una dificultad hotelera o una calle menos concurrida no significan que el turismo se haya acabado.

Además, la ocupación hotelera no puede estudiarse........

© El Universal