Confesión de mediocridad
Seamos serios, y digámoslo de una vez por todas: la gestión de Abelardo De La Espriella no puede medirse con la vara de Gustavo Petro. Eso no tiene gracia. El punto de referencia debe ser un presidente convencional: uno que llegue a tiempo, que no se pierda, que no gobierne a punta de trinos, que no esté rodeado de alfiles corruptos, que no pontifique sobre lo que ignora, que no estigmatice a sus críticos y que no dedique buena parte de su energía a dividir al país.
Por eso tampoco tiene sentido preguntarse, ante cada decisión del Ejecutivo, cómo nos hubiera ido con Petro o qué estaría haciendo Iván Cepeda. Petro ya se fue y Cepeda perdió. De la Espriella ganó y ahora le toca gobernar. Así de fácil.
Y sí, nadie ignora el desastre que dejó su antecesor, pero esa herencia no puede servirle de pretexto al nuevo inquilino del Palacio de San Carlos para explicar demoras, negligencias, excesos o incumplimientos.
Dicho lo anterior, hemos visto al mandatario recorrer varias de las zonas........
