La IA y sus conquistas
Otra vez comentando acá la inteligencia artificial (IA). Hace tres años, un grupo de importantes figuras, muy involucradas con ella, escribió un manifiesto llamando a la cautela. Entre ellos estaban Sam Altman, el presidente de Open AI (Chat GPT y otros), Bill Gates y Geoffrey Hinton, premio Nobel de física por estudios de redes neuronales artificiales. El manifiesto decía que “mitigar el riesgo de extinción por la IA debe ser una prioridad global tan importante como el riesgo de pandemias o de guerra nuclear”. Después, los signatarios se fueron a sus empresas y laboratorios a desarrollar aplicaciones más poderosas.
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Creo que tenemos claro que es una realidad de tal fuerza que oponerse a ella es quijotesco. Nos queda la duda de si seguir adelante con susto o estar más bien contentos. Hace un par de semanas The New York Times entrevistó a ocho personalidades, unas que desarrollan nuevos instrumentos IA, algunas que evalúan su impacto social y otras que piensan específicamente en los mecanismos de mitigación de riesgos.
Algunas respuestas (escogeré una muestra mínima) nos dan una idea de qué tan rápido avanza la IA y cómo se han transformado las expectativas y los temores. El historiador y cuasiprofeta Yuval Noah Harari (con una visión menos apocalíptica que hace un par de años) predijo que muchos países pronto otorgarán personería jurídica a los agentes de IA. Es decir, podrán ejercer derechos, contraer obligaciones y ser representados judicialmente.
Según Nick Frost, cofundador de Cohere (compañía desarrolladora), la IA se volverá aburridora en la mejor forma posible. Es decir, pasará inadvertida, como el GPS o las hojas de cálculo, participando en miles de funciones cotidianas, aunque la mayoría de la gente no se dé cuenta. Aravind Srinivas, director de Perplexity (otra compañía que produce soluciones IA), predice que se convertirá en un asistente personal: no se hablará de la IA, sino de ‘mi IA’.
Varios miles de millones de humanos ya usamos la IA. A ver si logramos dominarla sin dejar que nos domine.
Sobre el impacto en medicina, Frost dice que la IA va a aumentar significativamente la efectividad de los médicos, reduciendo su carga de trabajo rutinaria, revisión de historias clínicas y búsqueda de nuevos hallazgos en la literatura científica. Pero no va a generar grandes innovaciones porque es muy buena revisando datos, pero muy mala (por decir lo menos) generando ideas.
Sobre su impacto en educación, Carl Benedikt Frey, profesor de IA en Oxford, dice que posiblemente se usarán más tutores IA, que funcionarán mejor que los maestros para acompañamiento personal (con una memoria estupenda, y sin prejuicios ni preferencias). Pero hay que asegurar que los estudiantes tengan tiempo para leer, escribir por ellos mismos (con lápiz y en papel) y explorar independientemente intereses y ocurrencias.
Sobre sus efectos en la salud mental, Melanie Mitchell, profesora de computación en el Instituto Santa Fe (de estudios de la complejidad), dice que lo malo es que inducirá algunas psicosis en los usuarios y lo bueno es que se podrá contar con terapistas IA, siempre listos para ayudar.
A la pregunta de qué tecnología en la historia humana ha tenido impactos tan dramáticos como la IA, Melanie Mitchell respondió que los medios sociales; Carl Benedikt Frey, que el computador y el internet; Nick Frost, que la capacidad de volar, y Yuval Noah Harari, que la evolución del lenguaje, pero que la IA asumirá gran poder sobre todos los lenguajes humanos desarrollados desde la Edad de Piedra hasta hoy.
Tal vez Harari tenga razón. El hecho es que las discusiones sobre bendiciones y maldiciones continúan, pero parece que, incluso entre los críticos más antiguos, los temores se han venido atenuando. Es que varios miles de millones de humanos ya la usamos. A ver si logramos dominarla sin dejar que nos domine.
@mwassermannl
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