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Mercantilización del cuidado y control burocrático: el nuevo modelo madrileño para la infancia vulnerable

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Opinión Mercantilización del cuidado y control burocrático: el nuevo modelo madrileño para la infancia vulnerable

Los servicios sociales municipales suelen asociarse con ayudas económicas urgentes, reparto de alimentos en situaciones de crisis o asistencia domiciliaria a personas mayores. Sin embargo, Madrid dispone de una red menos visible, pero esencial para la protección y la cohesión social: los Centros de Atención a la Infancia (CAI). Durante décadas, estos centros han sido un recurso fundamental para proteger a los niños, niñas y adolescentes que atraviesan situaciones de riesgo. Hoy ese apoyo está en peligro, un modelo de gestión que antepone la rentabilidad y la supuesta eficacia burocrática a la ética del cuidado está a punto de consolidarse.

Para entender la magnitud de lo que ocurre, conviene aclarar qué es un CAI y cuál es su función. Históricamente, estos centros han sido el principal recurso público especializado para proteger a los menores madrileños ante situaciones de riesgo y desprotección, como la negligencia crónica, el abandono emocional, la desnutrición afectiva o las consecuencias de convivir con la violencia intrafamiliar.

Para entender su valor hay que remontarse a los años 90, cuando el Ayuntamiento de Madrid fue pionero, al apostar por una red pública municipal, especializada y de proximidad. Superadas ya las viejas lógicas benéficas o de asilo, el reto era otro: intervenir en el propio entorno antes de que el daño fuera irreversible. Los proyectos experimentales iniciados en los distritos más vulnerables evolucionaron durante décadas hasta formar una sólida red de 12 centros en toda la ciudad (1). A lo largo de casi treinta años, los CAI adaptaron sus métodos a realidades familiares cada vez más complejas y se consolidaron como un modelo integral de referencia en España, al combinar el diagnóstico profesional con un acompañamiento comunitario continuado.

Con el argumento de “modernizar” el servicio, ampliar los horarios y aumentar el número de centros, el Ayuntamiento de Madrid ha ido consolidando una externalización masiva

La misión fundacional de los CAI es reparadora y preventiva. No funcionan como órganos punitivos para castigar a los padres, sino como espacios terapéuticos. Equipos interdisciplinares de psicología, educación y trabajo social intervienen intensivamente en el entorno familiar y comunitario para ayudar a progenitores desbordados a recuperar sus capacidades de cuidado y a las redes sociales en su labor de fomentar la convivencia vecinal. El objetivo último es evitar la medida más drástica y dolorosa del sistema: retirar la tutela y separar al menor de su hogar. En los barrios de Madrid, los........

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