Tres estampas españolas: el virus, el caos y Netflix
Era difícil no sentir vergüenza ajena estos días al escuchar a la portavoz del PP en el Congreso, Esther Muñoz, al vicesecretario de Coordinación Autonómica y varias cosas más, Elías Bendodo, o al jefe nacional de Vox, Santiago Abascal, diciendo las mentiras y sandeces que han dicho sobre una gestión del Gobierno español de la crisis del hantavirus en perfecta coordinación con las autoridades sanitarias de Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud. Muñoz: “Caos absoluto”; Bendodo: “Gobierno fallido”; Abascal: “Sánchez es capaz de provocar una pandemia con tal de que no se hable de corrupción”. La catarata de necedades disfrazadas de santa indignación patriótica no es nueva en las derechas: ya la desencadenaron con ocasión de la pandemia del coronavirus. Y volverán a hacerlo de aquí a nada: cuando haya una epidemia de gripe, cuando vengan inundaciones, cuando tengamos sequía, cuando suframos incendios, cuando suba la audiencia de TVE, cuando baje…
Imposible imaginar una situación, un acontecimiento, un dictamen lo suficientemente inocuos como para que las derechas no hagan política con ellos. Quiere decirse: mala política, un oficio este víctima de sí mismo, un oficio donde lo sustancial de él ha sido devorado por lo anecdótico, lo principal por lo secundario, lo importante por lo banal. Como el mar cuyas olas golpean incesantes los acantilados de un enclave industrial,........
