Esperar diez minutos
Ser puntual es detestable. Creo que es uno de mis peores defectos. Me empuja siempre a pensamientos horribles, como querer instaurar la pena de muerte para la gente que no lo es
Un dentista i una pacient. | ARÁNZAZU NAVARRO. / ARANZAZU NAVARRO
Esperábamos nuestro turno en el dentista, ya con diez minutos de retraso, cuando mi hija lanzó una sugerencia a la atmósfera: «¿Por qué no nos vamos?». La miré con los ojos alargados. Esa intolerancia a los retrasos ajenos me resultó dignísima. «Sí, larguémonos», habría dicho con gusto, y más si no hubiese sido mi hija, pero estábamos allí porque no acaba de caérsele una muela bajo la cual crece ya otra. «Verás…», empecé a decir, y me paré, porque iba a citar –sin venir mucho a cuento– lo de las crisis de Gramsci, y eso de que consisten «en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer», y que «en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas mórbidos». Helena se encuentra en una fase en la que no deja pasar una sola palabra desconocida sin preguntar qué significa, y el uso de «interregno», confieso, me asustó un poco. En lugar de hablarle de Gramsci dije algo mucho más lamentable: «Tengamos paciencia». Sentí esa frase como una traición.
Ser puntual es........
