Bombardeos sin lecciones
Colombia, en su larga guerra contra el terrorismo, convirtió el poder aéreo en una de sus armas más eficaces de contrainsurgencia. Los bombardeos de la Fuerza Aérea, apoyados en la inteligencia del Ejército y la Policía, le quitaron a la guerrilla el tiempo para desgastar al Estado y el espacio para esconderse y escoger cuándo atacar. Campamentos que durante años fueron refugios seguros se convirtieron en la tumba de muchos combatientes antes de que alcanzaran a disparar un fusil. Las bombas funcionaron mientras el enemigo se concentraba y el Estado sabía dónde estaba. Hoy no puede darse por hecha ninguna de las dos cosas.
El Estado aprendió la contundencia de los bombardeos, pero no la estrategia que debía acompañarlos. Según los informes de gestión de la Fuerza Aérea, durante el gobierno de Álvaro Uribe los ataques a campamentos y objetivos estratégicos pasaron de 109 en 2003 a 757 en 2006, y bajaron a 443 en 2008. Con Juan Manuel Santos, los registros parciales muestran 47 en 2010 y apenas 10 en........
