La política de la desconfianza
Toda sociedad contemporánea necesita algún grado de confianza para funcionar. Ello no implica una necesaria confianza absoluta en sus gobernantes, ni una confianza ciega en las instituciones, sino una mínima confianza en las reglas que existen, que los procedimientos tienen algún grado de legitimidad y que los demás actores están dispuestos a respetarlos. Porque, sin esta mínima confianza, la cooperación por el bien común se vuelve difícil y la política comienza a transformarse en una constante y permanente sospecha sobre las instituciones del otro.
Curiosamente, la democracia contemporánea nace en base a la desconfianza. Una desconfianza al uso del poder, producto del abuso de las monarquías absolutistas; con ello, la humanidad vio al movimiento constitucionalista alzarse. Con este movimiento jurídico y político, los ciudadanos entendieron que no se debe confiar ciegamente en quien tiene el poder; precisamente por ello existen derechos fundamentales del ciudadano, división de poderes, elecciones, fiscalización, prensa, oposición y mecanismos de control. La democracia hace de la desconfianza una institución para impedir que el poder pueda ejercerse arbitrariamente. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre desconfiar del poder y desconfiar de todo.
La primera es una virtud........
