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El poder, ¿para qué?

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03.08.2026

No existe emoción o situación humana más embriagadora que el poder. Por encima del sexo, el dinero, el éxito, la riqueza, el poder los supera con creces. Ese poder obnubila, borra creencias, cambia valores, hasta vuelve blanco lo negro y viceversa: es enceguecedor. Es absolutamente cautivador y llega a enloquecer. Se pierden las proporciones de la realidad porque el poder del poder pareciera ser infinito. Nada lo detiene, no existe un límite que lo encauce. No. El poder pareciera ilimitado.

Ya lo dijo alguna vez, desde su prepotencia, Napoleón: “El estado soy yo”. Pero no es el único que descaradamente lo ha intentado practicar: a lo largo de la historia muchos hombres (si, varones) cuando acceden a la silla del poder, pierden el sentido de las proporciones y obnubilados, determinan que su criterio es el criterio universal. Desde su orilla, Ortega lo acaba de practicar en........

© El País