Ya no sabemos qué creer
Durante mucho tiempo, la incertidumbre tuvo una forma conocida. Era la duda sobre el futuro: si la economía mejoraría, si habría estabilidad política, si nuestros hijos vivirían mejor que nosotros, si el trabajo alcanzaría para sostener la vida que imaginábamos. No era cómoda, pero era reconocible. La incertidumbre consistía, sobre todo, en no saber qué iba a pasar.
Hoy, la incertidumbre ya no nace solo de no saber qué viene. Nace cuando coinciden cambios rápidos, pérdida de control y debilitamiento de los marcos que antes daban orientación. Se debilitan las instituciones, la verdad compartida, la seguridad económica, las reglas internacionales y, con ello, también el horizonte de futuro. El World Economic Forum ha descrito este momento como una nueva “edad de competencia”, marcada por fragmentación, confrontación y creciente inestabilidad.
Por eso no estamos........
