La fuerza del Estado no es venganza, es deber
Lo digo sin rodeos: soy un hombre de paz y de diálogo. Vengo del sur de Montería, de una familia que conoce de cerca lo que significa la ausencia del Estado, y he creído siempre que la salida negociada a la violencia es preferible a cualquier otra. Pero hay una frontera que no se puede seguir cruzando impunemente: cuando el diálogo deja de ser una herramienta de paz y se convierte en una coartada para que los grupos armados ganen tiempo, territorio y capacidad criminal, el Estado no solo tiene el derecho de usar la fuerza legítima que la Constitución le confiere. Tiene la obligación de hacerlo.
Esta semana, el presidente electo Abelardo De la Espriella le dio un mes a los grupos armados ilegales del país para organizar su........
