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El destejido de la alfombra persa II parte

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20.03.2026


Israel, que maneja sus operaciones con precisión y propósitos claros, se ha beneficiado de la acción estadounidense para golpear a Irán con base en un ejercicio de inteligencia que lleva años en busca de una oportunidad como esta. También se ha adentrado en el Líbano para tratar de rematar a Hezbollah. Acciones que al parecer cuentan con apoyo en una sociedad que ha tenido en Irán un enemigo declarado. Otra cosa serán las cuentas de todo lo que Israel ha protagonizado a partir del infausto ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, que no hay que olvidar como detonante de tanta desgracia.

En los Estados Unidos, a pesar del apoyo irrestricto de algunos sectores, no se notan réditos y más bien crecen las voces que reclaman por la falta de claridad en los objetivos, las explicaciones erráticas y una opacidad incómoda respecto de la extensión y profundidad de una guerra que se ha llamado a ratos expedición, como si fuera un paseo. Aventura cuyo desenlace se aplaza en cuanto no caiga el régimen iraní, el Estrecho de Ormuz siga en otras manos, siga ausente el apoyo de aliados tradicionales y crezca la oposición interna, preocupante en la perspectiva las elecciones de renovación parcial del congreso en el mes de noviembre.

Si la Casa Blanca diera vuelta atrás, cualquier proclama, aún de victoria, para justificar ese hecho tendría sabor a derrota; algo inaceptable para un presidente que considera que “perdedor” es el peor de los calificativos.  Además, dejaría al mundo metido en una crisis de la cual le echarían la culpa abierta o veladamente. Y podría ser el principio de una tremenda batalla política en busca de una nueva prevalencia imperial, en cuanto muchos paso a paso se atreven ya a cuestionar un liderazgo americano que se desgasta con su falta de claridad y sus contradicciones.

Destejer una alfombra tejida en el seno de una civilización milenaria, ignorada y menospreciada a través de ese lente oscuro de ignorancia con el que tantos miran hacia Oriente, no es trabajo fácil. No más la idea del martirio como credencial con la que muchos desean irse a la tumba resulta ser un elemento de refuerzo al sentido que el régimen islámico tiene de la misión que cumple.

Todo se ve como si, una vez más, los Estados Unidos insistieran en emprender acciones con el fin de cambiar el Medio Oriente, que es un mundo aparte donde aún existen las huellas de Nabucodonosor, Alejandro, Darío y Ciro, que no eran ningunos tontos. Y es que cogobernar a Irán no es lo mismo que hacerlo con Venezuela, que parecería ser el modelo originalmente invocado. Y hacerlo después de más bombardeos, aún con el envío de tropas a un país de 90 millones de almas, donde se hablan al menos 40 idiomas distintos, sería una aventura de pronóstico reservado.

Paul Bremen, que tuvo a su cargo el gobierno de Irak luego de la caída de Sadam Hussein, relata en cartas dirigidas en su momento a su esposa, cómo la pretensión de ir a gobernar conforme a los valores occidentales asuntos de fondo que pertenecen a otro mundo, todo lo que hizo fue propiciar una revuelta antiamericana que en un año lo obligó a renunciar a ese oficio.

 No cabe duda de que en Washington se viven momentos dramáticos, aunque muchos traten de ocultar una realidad apremiante que pone a prueba el verdadero liderazgo mundial que el presidente ha reclamado con tanta suficiencia. Mientras se sabe que Rusia jamás ha sido ajena al destino de Irán, y que China e India tienen cartas para jugar, lo mismo que las naciones árabes, habitantes del mismo vecindario.

Aunque parezca inocuo, idealista, ingenuo o ridículo, en esta época de transgresión sin pena del derecho internacional, quienes crean que todavía es posible echar mano de lo que de ese engendro quede, deberían hacer a estas alturas el intento de buscar una paz negociada, en lugar de insistir en el uso brutal de la fuerza para detener un proceso de deterioro que puede llevar a una catástrofe cada vez más amplia.

 


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