¿Qué pasa cuando olvidamos las vacunas?
Es poco probable que alguna persona de las nuevas generaciones haya visto al menos un caso de enfermedades como polio, difteria o sarampión. Este hecho no ocurre porque estas patologías hayan desaparecido tras controles de sus fuentes de contagio o solo por tratamientos efectivos, sino porque las campañas de vacunación funcionaron. Es así como estas enfermedades dejaron de formar parte de nuestra cotidianidad, conduciendo a que el temor al contagio y a su propagación haya disminuido. Sin embargo, lo que sí ha aumentado es la angustiosa expectativa frente a los posibles efectos secundarios que pueden traer estos biológicos. Paradójicamente, las vacunas se han convertido en víctimas de su propio éxito.
El desarrollo de las vacunas ha sido uno de los mayores avances de la medicina moderna, ellas han evitado millones de fallecimientos y, además, han contribuido a erradicar enfermedades como la viruela natural. De hecho, la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente su erradicación en 1980. Durante siglos, esta enfermedad causó millones de muertes alcanzando una tasa de mortalidad de hasta el 30% entre las personas afectadas.
Sin embargo, tradicionalmente han surgido diversos mitos que desacreditan, sin evidencia científica, la importancia de las vacunas. Esto ha disminuido las tasas de vacunación y, en consecuencia, ha generado efectos negativos sobre la salud........
