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El genio y la locura, «el problema 30»

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27.06.2026

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El primer pensador que dudó de las bondades de la razón fue Erasmo de Róterdam. El elogio de la locura sostiene que las personas prósperas y felices son ignorantes, mientras los sabios son pobres, pálidos y amargados. Mucho antes, un griego observó que los genios eran melancólicos; que las personas destacadas en política, artes o filosofía eran propensas a la tristeza, un sentimiento causado por la «bilis negra», uno de los cuatro humores que determinaban el temperamento. Aristóteles concluyó que la genialidad y la melancolía tenían la misma raíz: que la bilis negra fría producía locura y depresión, que la bilis negra caliente afilaba el entendimiento, y que lo mejor era una bilis tibia, lo que hoy llamamos el justo medio aristotélico.

La «teoría humoral» sucumbió ante los avances de la medicina, pero el justo medio aristotélico no ha perdido ni una bujía de su antiguo brillo, y sus reflexiones sobre el tema se conocen hoy como «el problema 30 de Aristóteles».

En 1997, Philippe Brenot publicó El genio y la locura para responder la pregunta ¿existe alguna relación entre la creación y los trastornos mentales? Estudió las patobiografías de muchos poetas, músicos, filósofos y artistas (Mozart, Arthur Rimbaud, Vincent van Gogh, Friedrich Nietzsche, Virginia Woolf…) y concluyó que la locura no crea el genio; a menudo lo amenaza. Pero la........

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